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La Coctelera

Categoría: Articulos Periodísticos

La guerra de ideas y la guerra de poder

José Elias Romero

¿De verdad creemos que Calderón, Madrazo y López Obrador contendieron para entronizar en este país la muy particular doctrina filosófico-política en la que cada uno cree?

En memoria de Carlos Abascal.

Con motivo de mi entrega anterior, en varios generosos lectores advertí interés y, en otros, percibí cierta confusión. De esta última yo me responsabilizo y creo oportuno proceder a mayores precisiones.

Desde hace muchos siglos ha quedado planteada la tesis de que los conflictos entre los humanos no provienen del deseo de imponer las ideas de los unos sobre las de los otros, sino de la pretensión de someter la conducta de los ajenos a la voluntad de los propios.

A partir de la aceptación de que yo no podría lograr que el otro piense como yo apetezco, me tengo que conformar con que haga lo que yo deseo. Eso va desde los conflictos internacionales hasta en los bretes intrafamiliares.

Por eso se dice que todas las guerras han sido, sin más, un mero conflicto de poder. Por más que la poesía homérica nos trate de deleitar con una gran guerra provocada por el honor, la celosía, el amor, el berrinche o el despecho de un cornudo real, lo cierto es que fue la hegemonía política y económica del Mediterráneo oriental la causa verdadera de la Guerra de Troya.

Lo que tenemos que reconocer, con suficiente madurez, es que esos motivos se han disimulado y hasta ocultado para justificar, con algún pretexto, lo que de otra manera quedaría encuerado como una impudicia a los ojos de muchos, que no de nosotros los políticos. Que el poder puede ser un fin en sí mismo y no tan sólo un medio para el logro de la libertad, de la democracia o de la justicia.

De allí que las disputas entre Isabel I y Felipe II surgieron más por resolver a quién pertenecerían las praderas de Massachusetts y a quién las minas de Guanajuato que no tanto porque ambos le rezaran al mismo dios, aunque uno en la parroquia católica y otra en el templo anglicano. Y la Guerra Fría, ¿qué sería lo verdaderamente importante para los rusos y los estadunidenses? ¿El comunismo y el capitalismo? ¿O quién se quedaría con Checoslovaquia, China, Vietnam, África y Cuba?

Más cerca de nosotros, si vemos los lemas de los partidos políticos, son, en el fondo, muy similares. Casi todos proclaman la democracia. Casi todos postulan la justicia. Casi todos proponen el progreso. Si es así, ¿por que, entonces, pelean voto por voto todas las alcaldías, las curules, los escaños, las gubernaturas y la banda presidencial? O de otra manera, ¿qué tienen que ver la filosofía política de la Revolución Mexicana versus la doctrina filosófica del bien común, cuando el PRI y el PAN contienden por la presidencia municipal de Naucalpan?

Creo que las respuestas nos llevan al convencimiento de que lo que se están disputando son espacios de poder. No estoy denostando la nobleza de la profesión política, en la que yo creo y que mi familia ha profesado ya por tres generaciones. Lo que estoy tratando de poner en claro es que existe una concepción pura del poder que podríamos distorsionar cada vez que la contaminamos con otros conceptos con los que convive muy de cerca. Pero que tenemos la obligación de alinear nuestro pensamiento en dirección de la realidad y no de la mera fantasía.

Traigamos como ejercicio sencillo de memoria la más reciente elección presidencial, aunque podríamos referirnos a cualquiera. ¿De verdad creemos que Calderón, Madrazo y López Obrador contendieron para entronizar en este país la muy particular doctrina filosófico-política en la que cada uno cree? Si así fue, ¿por qué, en los miles de anuncios que cada uno pagó, no nos dijeron, jamás, las especificidades de su doctrina? ¿Por qué nunca trataron de convencernos de ella? ¿Por qué, incluso hasta ahora, no se las sabemos con precisión? Sencillamente porque no buscaban adoctrinarnos y hacer vencer sus ideas, sino conquistar un nicho de poder.

Vamos más atrás. En la contienda de 1994 existía una mayor distancia entre el pensamiento político de Luis Donaldo Colosio y el de Ernesto Zedillo, ambos candidatos del mismo partido, que el que existía entre Ernesto Zedillo y Diego Fernández de Cevallos, contendientes por distinto partido. Es más, ¿por qué Zedillo se hizo coordinador de la campaña de Luis Donaldo en lugar de haber coordinado la de Diego? Sencillamente porque no estaban en pleito sus ideas, sino su poder.

Ahora vamos más adelante para obtener la prueba definitiva. ¿De verdad Vicente Fox triunfó por sus ideas? En caso afirmativo, ¿cuáles son sus ideas? ¿Las conocen los 15 millones de mexicanos que votaron por él? ¿Cómo considera que se articulan funcionalmente, entre sí, la democracia, la libertad y la justicia? ¿Está plenamente consciente de las diferencias que existen entre la legitimidad y la legalidad?

Tomar en serio el poder político significa hacer cuentas con la complejidad contemporánea y renunciar a cualquier simplificación peligrosa e indebida. Esto no es una ocurrencia mía. Tan sólo la he tomado de Platón, de Federico Nietzsche, de Carl Schmidt, de Max Weber y, ni más ni menos, de Juan Jacobo Rousseau, entre muchísimos otros .

w989298@prodigy.net.mx

La verdad mediática no es la ley

Ricardo Alemán

Itinerario Político

Culpables construidos a partir de filtraciones interesadas a medios
Inédito aplauso de Mouriño al GDF; se acercan Ebrard y Calderón

Cuando la verdad mediática suplanta a la verdad a secas, y cuando el juicio mediático sustituye al juicio legal, lo menos que podemos lamentar es el fracaso de política y políticos; del Estado mismo.

Y ese fracaso de las instituciones para la persecución del delito y la justicia —vergüenza para una democracia naciente como la mexicana, y no se diga de un gobierno que se dice de izquierda como el de Marcelo Ebrard— lo comprobamos todas las noches en horario triple A de televisión, lo escuchamos en noticieros de la radio y lo leemos en los periódicos; preciados espacios ocupados por increíbles montajes de telenovela alimentados con abundantes e interesadas filtraciones de basura informativa que distrae, condiciona, engaña, distorsiona o condiciona la atención social sobre tal o cual historia política o policiaca.

Y ese es, precisamente, el caso del crimen y secuestro del joven Fernando Martí, cuyo escándalo impactó en la conciencia social y con ello arrinconó a las autoridades federales y de la capital al grado de convertir la indagatoria del caso y la respectiva impartición de justicia en un ofensivo juicio mediático, que deja muy lejos el esclarecimiento del crimen y el castigo a los responsables.

Hoy, tanto el gobierno de Ebrard —autor del montaje y presunto fabricante de los “chivos expiatorios”—, como el gobierno de Calderón —que avaló a través del secretario de Gobernación Mouriño el montaje de la detención de los supuestos jefes de la banda de La Flor y lo justificó con una perla: “En la lucha contra el crimen no habrá regateos ideológicos”— ya tienen a un puñado de culpables, a los que han sometido al rigor de la verdad mediática y al potente juicio de los medios, antes que esperar a que los presuntos culpables sean juzgados por el Poder Judicial.

Nadie sabe, legalmente, con certeza absoluta, a partir de evidencias reales, científicas y de un trabajo de inteligencia, si Sergio Ortiz es realmente el jefe de La Flor; si su familia, esposa e hijos —Guadalupe Toriello, Miguel y Sergio Ortiz Toriello— poseen una fortuna, son dueños de 2, 5, 20 o 30 casas. Ningún juez ha encontrado ni declarado a nadie culpable del crimen de Fernando Martí. Pero eso sí, el juez mediático ya dio su veredicto: Sergio Ortiz es el jefe de los criminales que ordenó el secuestro y el crimen. “¡Culpables!”, dice.

Y por obra y gracia de esa verdad y ese juicio mediáticos, el caso Martí pudo haber cobrado otras víctimas, pudo destruir otra familia. Y es que desde ayer estaban en peligro los empleos de los hijos de Sergio Ortiz; la seguridad y tranquilidad de toda su familia. Y todo eso, gracias al capricho de la verdad y del juicio mediáticos. ¿Y quién alimenta esa verdad y esos juicios mediáticos? Sí, aquel al que no le importa la verdad a secas, la real persecución y castigo de los delitos; a quienes les interesa sólo salvar el pellejo político. Y en esa calidad están Ebrard y el gobierno de Felipe Calderón, cabeza del Estado que a través de Mouriño felicitó a Ebrard por la captura de los criminales de La Flor.

¿Se merece una felicitación del jefe del Estado mexicano, quien hizo pasar su credibilidad a través del juicio mediático? ¿Por qué Felipe Calderón parece sumarse al montaje? Buena pregunta.

Casi nada. Porque son muchos los indicios de que por una extraña razón política —no podría ser otra razón que política— asistimos a un inédito proceso de acercamiento entre Ebrard y Calderón, en el cual el jefe de Gobierno del DF habría recibido todo el apoyo del presidente en su montaje sobre el caso Martí, en tanto que Ebrard daría por terminadas sus rencillas con el “espurio”. Pero no, no estaríamos ante un caso político típico de ganadores y/o perdedores. ¿Por qué? Porque aquí la urgencia de aparecer ante la opinión pública como gobiernos capaces de resolver un problema como el del crimen de Martí, no es sólo de Marcelo Ebrard; tampoco sólo de Felipe Calderón. No, aquí existe una suerte de simbiosis de poder. Si le va mal a uno, jala al precipicio al otro. Y viceversa.

Es decir, son muchas las evidencias de que asistimos a una suerte de “rescate político” mutuo, para hacer posible la convivencia mutua. A los dos gobiernos les interesa aclarar el crimen de Martí, como quiera, sea o no a través de verdades y juicios mediáticos. De esa manera los dos gobiernos habrían saltado la barrera que les marcó el padre del secuestrado para no renunciar. Al tiempo.

Telecomunicaciones por cable

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La promesa de convergencia tecnológica es hoy una realidad que permite, que nuevos participantes del mercado ofrezcan servicios de Internet de banda ancha, telefonía fija y video.

La promesa de convergencia tecnológica es hoy una realidad que permite, en la práctica, que nuevos participantes del mercado ofrezcan servicios de Internet de banda ancha, telefonía fija y video. En ese campo, los líderes en su lanzamiento han sido los operadores de telecomunicaciones por cable, que, como segmento, generaron ingresos el 2008 por 399 millones de dólares, lo que representa un crecimiento de 54.5% respecto del mismo trimestre del año anterior.

Mientras que Telmex sigue perdiendo clientes de telefonía fija, los operadores de cable siguen aumentando, no sólo sus suscripciones de televisión de paga e Internet, sino también los de telefonía fija. Las promociones agresivas, el empaquetamiento de los servicios y la interconexión con las demás redes de telefonía fija existentes en nuestro país. El efecto comienza a ser no sólo de desviación de clientes hacia sus redes, sino de generación de nuevos clientes que antes no han entrado al servicio de voz, pero sí al de video.

Los principales operadores de telecomunicaciones por cable muestran resultados de elevado dinamismo, que es sólo equiparable en el sector a aquellos ritmos de los servicios móviles. Por su parte Megacable, el operador de cable más grande del país, con 1.4 millones de suscriptores únicos, la composición de sus suscripciones consisten de casi 1.4 millones de usuarios de televisión de paga, 400,000 usuarios de Internet y casi 170,000 líneas telefónicas. Si bien este último número parece relativamente bajo frente a las casi 20 millones de líneas fijas que existen actualmente en nuestro país, es importante notar que las líneas de Megacable tuvieron un crecimiento anual de 224%; tasa sorprendente si consideramos que el número total se reduce cada trimestre. Además de contar con el mayor número de suscriptores, cuenta con la mayor cobertura en nuestro país, con 3.7 millones de casas, cifra 56% mayor a la reportada en la misma fecha del año anterior.

Respecto de Cablevisión, la empresa propiedad de Televisa se consolidó como el tercer operador de cable más grande del país, con 568,000 suscripciones a su servicio de televisión restringida. En cuanto a su servicio de Internet de alta velocidad, la empresa reportó 173,000 suscripciones y casi 23,000 de telefonía fija. Esto representó crecimientos anuales de 10.2, 42.5 y 100% por cada servicio, respectivamente.

La suma de estos tres tipos de suscripciones no coincide con el total de usuarios que tienen contratados los servicios de Cablevisión. Esto sucede porque una misma persona puede contratar los tres servicios a la vez (triple play), dos de ellos o uno. Por esto, la empresa reportó que cuenta con poco más de 579,000 suscriptores únicos, número que tuvo un crecimiento anual de 9.9 por ciento. En cuanto a ingresos, logró duplicarlos en tan sólo un año y de esa forma convertirse en el segundo operador más importante, con 110 millones de dólares en el trimestre.

En relación a Cablemás, segundo operador de cable a nivel nacional en cuanto a número de suscriptores, logró una base de clientes únicos de 826,330 al segundo semestre del año y su infraestructura cuenta con una capacidad de 2.3 millones de casas pasadas. Por el lado de los usuarios de telefonía fija, Cablemás cuenta con 67,012 suscriptores, teniendo un crecimiento de 122% respecto del mismo trimestre del año pasado.

El resto de operadores por cable, aproximadamente 800, en conjunto acumularon 79.8 millones de dólares en el 2008 y con crecimientos anuales alrededor de 50 por ciento.

Sin lugar a dudas el segmento de la TV por cable es uno de los más importantes y dinámicos del sector, no sólo por la tecnología de sus redes, que le permiten ofrecer servicios convergentes, sino también por la introducción de competencia que empieza a empujar los precios a la baja y generan beneficios para los usuarios de las Telecomunicaciones.

*Director General de The Competitive Intelligence Unit (www.the-ciu.net)
epiedras@epiedras.net

Martí: no al montaje mediático

Ricardo Alemán

Itinerario Político

Que hablen los hechos, más que los políticos, que las voces del spot
Frente a la baja constante en la aceptación de Marcelo, urgen resultados

Ahora resulta que ante problemas extremos como la violencia y la inseguridad, gobernantes y políticos nos quieren convencer con bisutería mediática. El reino del spot.

Pero lo cierto es que salvo los fanáticos amarillos, azules o tricolores —los hay de las tres religiones—, pocos ciudadanos estarían dispuestos a creer, a ciegas y sordas, en la palabra de un gobernante o político.

A pesar de eso, el reputado filósofo español Fernando Savater suele decir que los políticos y gobernantes tienen en la mentira y el engaño parte esencial de su naturaleza. “Nos quejamos de que los políticos mienten, pero en forma inconsciente les pedimos que lo hagan. Nunca los votaríamos si dijeran la verdad tal cual es… de modo que aquí hay una especie de paradoja; por un lado no queremos ser engañados por los políticos, pero a la vez exigimos que lo hagan”; que nos engañen. (Los Diez Mandamientos en el Siglo XXI, pág. 47).

¿Realmente los mexicanos rechazamos el engaño de gobernantes y políticos? ¿O nos gusta porque es parte del credo partidista? A partir del espectáculo mediático que vimos con la detención de los supuestos criminales de Fernando Martí por parte de “eficientes policías” del GDF, pareciera que, en efecto, una porción de ciudadanos disfrutamos el engaño. Bueno, se llegó al extremo de sacar un spot alardeando la detención de la banda de La Flor, antes incluso de que se diera a conocer la captura.

¿Pero cuántos se atreven a expresar una duda razonable sobre la veracidad de esa “telenovela” que parece montar el GDF? Está claro que la religión política de muchos les impide la duda elemental y otros creen que es “políticamente incorrecto” cuestionar lo que haga Marcelo, porque trabaja por una causa mayor: llegar al poder.

Y precisamente ahí es donde aparece el hilo fino del spot previamente preparado y los tours en radio y televisión, ya que existen muchos indicios de que hay una respuesta puramente mediática para revertir la decreciente popularidad de Ebrard.

Vamos a los datos duros. Apenas el pasado lunes se difundieron encuestas —Milenio, Reforma y Excélsior— en donde la confianza ciudadana en gobernantes y políticos está por lo suelos. En Milenio, de 20 actores sociales y políticos los diputados ocupan el lugar 19 en las preferencias —más desprestigiados incluso que los policías— con 12% a favor y 53% en contra; la posición 15 la ocupan los senadores con 15% de aceptación y 46% en contra, y el sitio 11 los gobernadores, a los que reprueban 43% y avalan sólo 20%.

Al mismo tiempo Reforma publica una encuesta sobre la calificación de los capitalinos a Ebrard, a quien aprueban apenas 50%, reprueban 45% y en promedio su calificación de aceptación no alcanza el 6, ya que se queda en un penoso 5.8%. En tanto, Excélsior mide la popularidad del perredismo. Revela que, en efecto, el más conocido es AMLO, pero es rechazado por casi la mitad de los que lo conocen.

Según la encuesta, el primer lugar de opinión positiva en el PRD lo tiene Amalia García, a pesar del cuestionado gobierno en Zacatecas; le sigue Lázaro Cárdenas Batel; el tercer lugar lo ocupa su padre, Cuauhtémoc Cárdenas; de manera sorpresiva Ruth Zavaleta está en cuarta posición y hasta el quinto sitio aparece Ebrard, que en la encuesta de Excélsior también aparece reprobado con un 5.6% de aceptación.

¿Quién está urgido de golpes mediáticos para recuperar su imagen; detener la caída y recobrar los puntos que, dentro del perredismo, y en general, en el concierto de presidenciables lo van dejando rezagado en una carrera presidencial que es de resistencia? Ebrard, el político que pese a ser jefe de Gobierno —con todo lo que eso implica en imagen— ocupa el quinto lugar en el PRD, es rechazado ya por la mitad de los capitalinos y reprobado en su desempeño.

Pero no es el único caso. También el pasado lunes el presidente Calderón dio a conocer la Ley de Ingresos y el Presupuesto de Egresos para 2009, y el rubro de “seguridad” se incrementa en 50% respecto del año anterior; la PGR eleva su partida presupuestal en casi 30% y el sector social en 26%. ¿Qué quiere decir todo lo anterior? Que también el gobierno de Calderón le apuesta todo a la seguridad.

Es decir, que a través de montajes, campañas mediáticas y golpes presupuestales, las de 2009 serán elecciones de la seguridad, como aquí lo dijimos el pasado 21 de agosto. Sin embargo, para los ciudadanos la única voz atendible será la de los hechos.